Talleres
Jueves, Noviembre 5th, 2009Comenzamos el día miércoles 18 de noviembre. Horarios de las reuniones, por la tarde: de 19 a 21 hs.
Por las mañanas: jueves de 12 a 14 hs.
Ubicados en: en C/ Gonzalo de Córdoba, 3. Metros Bilbao, Madrid.
Comenzamos el día miércoles 18 de noviembre. Horarios de las reuniones, por la tarde: de 19 a 21 hs.
Por las mañanas: jueves de 12 a 14 hs.
Ubicados en: en C/ Gonzalo de Córdoba, 3. Metros Bilbao, Madrid.
En el café de la esquina me encuentro con unos amigos de la facu. Habíamos decidido vernos por ahí como punto de reunión. Yo sólo tenía una hora, ellos la tarde entera. Me compré un capuchino mediano y me acerqué a la mesa. Todos ya habían llegado.
—Es un gran escritor, merecía el premio que le dieron. La neta es un representante contundente de los malditos…, — escuché que decía Iñaki, mientras me acercaba a la mesa.
—Hola, ¿qué onda? ¿Cómo van? ¿A quién estás descuartizando, vos?— Pregunté casi indiferente, terminando de saludar.
—No estoy descuartizando (remarcó esta palabra), como dices tú, estoy hablando de Fernando Vallejo y de su última novela, ¿la leíste?
—Es un malparido hijuetupa— contesté y me reí.
—¿La leíste?— Insistió Iñaki, con su tono represor.
—¡Pero parece que el que no la leyó sos vos!— volví a reírme. Nadie más lo hizo, la cosa parecía grave. —Sí, sí, la leí —dije ya más suave —¿Por qué?
—Estaba diciendo, antes de que llegaras, —otra vez su estilo de mierda, pensé —, que Vallejo es uno de los grandes malditos, que le da a todos por el culo y se pitorrea hasta del Papa.
—¡Eso mismo, le da a todos por el culo, es lo que yo decía! Él es puto, ¿por dónde querés que les dé, Iñaki?— Mi comentario no le gustó, porque no se rió, y tampoco lo hicieron Bal ni Manuel. Por lo visto estaré inundada del malparido tono de intelectualillo miserable que por no escribir se dedica a la crítica literaria. Marx tenía razón cuando los criticaba, ¡ni al pobre viejo dejaron respirar en paz!
Decidí no escucharlos; permanezco sentada, contesto de vez en cuando pero no dejaré que me maten con sus tonterías de literatura barata.
Los peseros nunca dejan de pasar por la avenida Insurgentes. Pienso en la esposa del Sr. Lunes, en Sra. Lunes, que ya había llegado a la oficina con su sastre rojo, medias y zapatos negros, maquilada, y con una mueca de sonrisa instalada en sus labios, la misma que utilizará para pasar las próximas navidades con sus parientes, o para saludar a las compañeras de su marido, con la que juzga al mundo y desde dónde se siente segura. Sus más amigas se habían sentado junto a ella para ver las fotos. Ella seguramente había escondido aquellas donde salía en traje de baño sin su pareo atado a la cintura, para que no vieran sus gorditos. Eran amigas, pero nunca dejaría que el enemigo penetre tan adentro de su propia caverna de llamas infernales.
Su relato era detallado: ¡Su hombre había sido el mejor de todos los tiempos, el amante deseado! ¡Todo estaba maravilloso, habían hecho el amor con pasión loca, ella se convertía en una puta en la cama, y luego en una señora! La elección, que Ella había hecho de ropa interior había sido ¡excelente!; tendría que comprar más, pensaba. Sra. Lunes sabía hacer una mega mamada, y contaba detalladamente como lo había hecho. Las casadas aportaban información a su rollo, las solteras miraban de refilón, si bien también sabían hacerlas (por favor,¡¿hoy quién no sabe hacer una buena mamada?!) no tenían aquella sonrisa que les permitiera participar abiertamente en la conversación. De alguna manera tenían que ser discretas, por lo tanto quedaban fuera. Sra. Lunes también hablaba de lo que esa noche le prepararía para cenar, cuando llegaran felices los dos a su nuevo hogar “tres panes con mermelada” él estaría satisfecho listo para llevarla nuevamente a la cama… Sr. Lunes, frente a su escritorio, seguramente pensaba en tomarse una chela y mirar algo en la tele, mientras su esposa planchaba su camisa del día siguiente. Así empezaban mágica y felizmente la vida en pareja Sr. y Sra. Lunes, que hoy se incorporaban a sus vidas laborales…
—¡Oye!, ¿estás acá? ¿Qué te pasa? No has dicho nada desde que llegaste— dijo Bal.
—Nada, ya se me hizo tarde otra vez. Tengo que irme.—contesté— Los veo en la facultad. Saludé y enfrenté la calle.
Caminé cuadra y media hasta mi trabajo. “La literatura no puede estar tan lejos” —me dije— al menos no tanto, como Iñaki y los otros creen.
La pareja Lunes hoy no irá a su trabajo, se quedaran juntos, tomados de la mano parados a mi lado, pasando conmigo las cuatro horas que le restan. Mientras me platican con todos los detalles su luna de miel. Yo los escucho.

Libro edecan urbana
En Insurgentes siempre hay tráfico, además el camión se detiene en la estación del metro Chilpancingo a esperar subir más gente. Ya somos una lata de sardinas, pero al chofer no le importa. Él va sentado en su lugar con el volante en frente, manejando en la jungla y no mira hacia atrás. Tampoco piensa que está llevando pasajeros, tal vez porque ni somos pasajeros, sino animales amontonados. Sube el mismo chavo de siempre, barba larga de tres días de no ser cortada, chamarra gris, guitarra al hombro. Rasga las cuerdas entonado “… cómo deshacerme de ti, si no te tengo, como olvidarme de ti, si no te encuentro…” y otras dos seguiditas de igual estilo. Por un instante siento entristecerme, pero tampoco tengo ganas de ponerme melancólica por unas canciones que para colmo son lo más soguero que conozco. Para aquellos que no sepan, el término “soguero” proviene de mi tierra natal, en el confín del mundo, o en el culo del mundo, como algunos suelen llamar a Argentina. Soguero, es una especie de mercadotecnia bien hecha, dirigida directamente a vender sensiblería barata compactada. No funcionó. No la compré. Le di tres pesos, y seguí esperando a que avanzara el camión. Arrancamos por las venas abiertas del D.F. rumbo al World — Llegas tarde— dijo Vera. Apúrate que ya están todas. Un infierno me esperaba. Estaría parada diez horas en el mismo lugar, sin poder hablar, ni moverme. —Ya estoy cambiada, me saco los tenis y voy— contesté mientras la saludaba y caminaba ligeramente hasta el guardarropa. Las demás ya estaban en sus puestos. Firmes como soldados, cada una viviendo su pequeño infierno y luchando consigo mismas para poder soportarlo. El día comenzaba. El tiempo no pasaba y cada vez que miraba el celular habían transcurrido 10 o 13 minutos, esto cuando estaba de suerte. Lo apagué, el día terminaría cuando fuera el momento, aunque mire la hora, ni más rápido ni más lento avanzará. El tiempo medido por relojes, es una máquina espeluznante y correcta que pocas veces falla. Pensar esto me dio miedo, imaginar algo que tenía una muy baja o casi nula posibilidad de error me aterró. Tenía que cambiar de tema. ¿Pero en qué puedo pensar? Mi vida es bastante caótica, tampoco quiero adentrarme en ella y menos tener que analizarla. De alguna manera quería escapar de mí misma, esconderme en los recovecos marginales para no enfrentarme, pero… ¿cómo lo lograría?
¿Dormiste mal?— preguntó Valeria, mientras pasaba escondiendo su taza de café. -No, —contesté—, apenas dormí, pero…; ya se había adelantado y no alcanzó a escuchar toda mi respuesta, que tampoco supe cómo completarla. No había dormido mal, pero estaba harta de algo, y eso era evidente. Tengo que ocupar mi mente. Nada entretenido se me ocurre. Mi trabajo consiste en contestar las estúpidas dudas que tiene la gente y nunca pasa nada emocionante. Tiempo que transcurre casi muerto. Ya estoy hasta la madre; me voy a comer.
Los cambios son positivos, de eso no hay duda. En este caso he aprendido que nada mejor que hacer lo que uno sabe y no dar vueltas innecesarias, por lo que regreso a mi blog anterior.. si a mi pequeño blogspot: http://edecanurbana.blogspot.com/ en el que soy libre y podía hacer mis trabajos sin depender de un servidor o de la suerte del momento. A los que se cansen de este lío, bueno les pido disculpas, pues si me conocen sabrán que los cambios son parte esencial de mi vida y mi personalidad. Gracias y Besos
Toda la cuidad está vestida de lunes, la gente camina de forma distinta en lunes. Quizás porque todos piensan que sería maravilloso no tener que estar haciendo lo que hacen, a lo mejor todos quisieran rebelarse al lunes. O tal vez, porque tienen la pequeña ilusión que por ser comienzo de la semana (yo no soy como esos malditos seres que creen que la semana empieza el domingo) van a cambiar su vida. Confieso que alguna vez he tenido esa sensación de renovación dentro de mí y he llegado a creer que un lunes mi vida cambiaría, que conseguiría algo diferente, sólo por el hecho de desearlo, pero la ingenuidad ya no es mi consejera y abandoné esos pensamientos quiméricos.
Observo los miles de transeúntes que me he cruzado todos los santos lunes, durante los últimos cinco años, alguno estará abriendo por primera vez, la ventana de una nueva vida. Tal vez hoy sea el primer día de una etapa distinta: por ejemplo, la semana anterior se habían casado y recién en lunes vuelven a trabajar después de la luna de miel con su flamante esposa. La ansiada boda había sido un éxito total, de ahí partieron a la famosa bahía acapulquense. ¡Primera noche que duermen juntos de casados! Ella con un negligé rosado, de mala calidad, y él estrenando boxees “son más cachondos”, ella le había dicho en alguna ocasión. Tres veces tuvieron sexo esa noche, él se siente fuerte por haber “cumplido” las expectativas de ella, pero insatisfecho. Ella siente que deberá comprar más ropa interior como esa para ponerlo bien caliente, y así él nunca buscaría a otra. Cada uno pensando en lo feliz que hará al otro a lo largo de la vida, unen sus manos sudorosas y se duermen juntos, esperando que el futuro siempre sea como lo han soñado tan íntima e individualmente. De regreso al departamento, ¡nuevo! en la colonia Narvante, se sienten más solos que nunca. Pero ya están casados, y esa noche (como la del resto de sus podridas vidas) dormirán junto a alguien. Tendrán sus cuerpos caldeados y el vaho de otra respiración sobre su nuca.
Hoy, lunes, se incorporan a sus vidas laborales, él sale por la mañana de su casita, sube al pesero y comienza a pensar en las preguntas que sus compañeros le harán: “¿Cómo te fue, carnal?” “Heee…, licenciado, vino usted blanquito, se ve que se la pasó todo el día metidito en el cuarto!, ¿he? Pero Sr. Lunes, no se atreverá a contar la verdad, esconderá un nuevo secreto en su baúl de miserias. Nunca se enterarán ni sus compañeros, ni sus amigos, ni nadie más, que él hubiese querido que fuera la esposa de su mejor amigo la que esa noche se la estuviera mamando, o que para no venirse y durar más tuvo que pensar en todo lo que llevaban gastando . Tampoco permitirá que sus amigos digan cosas pasadas de tono para referirse a su esposa. Ella había sido su “amiguita”, pero ahora sería la madre de sus hijos, y todos debían respetarla, nada de contar con lujo de detalles a esos cabrones. Sr. Lunes, bajará del pesero a enfrentarse a ellos y yo seguiré rumbo a mis labores. No tenía ganas de imaginar, en ese momento, todo lo que su esposa contaría, con las fotos en las manos. Ya estaba harta de pensar y no eran ni las 9:30 de la mañana ¡que día me espera!, balbuceé.

Desperté en la madrugada pegada a él. Las sábanas desprendían olor a sexo, lo que animó mis deseos inagotables. Busqué mis bragas negras; me las puse. ¡Adoro como me quedan, me siento una perra cuando las uso! Miré alrededor de la habitación, a un costado, seguía mi bolso. Esa noche había preparado una sesión especial para nuestro encuentro. Dentro, llevaba aceite comestible sabor chocolate y un par de sorpresas que aún no habíamos usado. Acomodé mis juguetes al lado de la cama; encendí otras dos velas; seleccioné Massive Attack en el play list y volví a recostarme a su lado. “El set está listo” me dije. Mis pezones rozaron su espalda y se irguieron al instante; hay hombres que me despiertan una sensación sexual casi animal; me encanta. Llené mis manos de aceite y comencé a untárselo por el pecho; rodeé sus tetillas endurecidas; Mmm.. delicia… Con la punta de mi lengua fui recorriendo su cuerpo, hasta sus caderas. Despertó, pero no dijo nada. Relajado, me dejaba actuar en libertad; entregado a mis amoríos. Me senté sobre él. “No te muevas” murmuré en su oído.
Su verga se irguió al instante, súper rico, haciendo presión sobre mi sexo húmedo. Me acerqué y mordisqué sus labios; escuché como suspiró. Imaginé su lado femenino aflorando, y me puse más cachonda. Como un volcán sentí que mi energía sexual subía y bajaba, con mi deseo a tope. Él giró su cabeza hacia un costado y me regaló su cuello. Deseé devorarlo. Lo succioné con fuerza y sentí se sexo endurecerse hasta el extremo. Volví a impregnarme deleitada. Quería que él acariciara mis pechos, que los lamiera, que me agarrara y me apretara fuerte, sentí estallar de deseo; subió el calor abrasivo de mis entrañas. Con mis manos acaricié su varga opulenta. Excitada corrí mi ropa interior y me lo introduje. Disfrutarlo fue delicioso; gemí. En el primer minuto tuve un orgasmo intenso y voluptuoso.
La luz de las velas teñían la noche de nuevas emociones. Lo abracé por la espalda y lo giré. Comencé a besársela. Dejé que paulatinamente se acostumbrara a mi lengua, al calor y la humedad; seguí bajando. Cada poro de su piel reaccionó a mi tacto. Su cuerpo se contrajo en espasmos; no me detuve. Mi deseo se hacía cada vez más grande; el suyo también. Llegué a las puertas “prohibidas” del placer masculino; me detuve. Comencé con delicadeza a hacerle círculos con mi lengua, lo rodeé. Sentí sus pequeñas contracciones; succioné. Estaba dentro de él y eso me ponía súper cachonda.. Lo escuché jadeante. Humedecí mis labios –inflamados de placer-; afilé mi lengua. Volví a bordearlo. Me introduje suavemente y sentí su interior por completo en mi boca. Me sentí exquisita. Entraba y salía; acaricié su falo, duro, fuerte, potente se frotaba contra la palma de mi mano. Metí mi lengua de nuevo; me puse muy cachonda mientras lo succionaba. Refregaba mi sexo contra su pierna; ¡un deleite! Tuve un segundo orgasmo explosivo. Apreté un poco más fuerte su sexo, sin dejar de besar su culo. Al instante exacto, expuse mi cara debajo de su sexo, lo apreté con más fuerza y cayó sobre mí la placentera lluvia de néctar. ¡Extasiada!
Suspiró fuerte. También yo. Nos abrazamos, aún en silencio.
Esa noche abrimos un nuevo canal; ambos estábamos satisfechos.

Y sentí tus besos, y te besé.
Y mordiste mi lóbulo derecho, y supe que estabas ahí.
Porque las palabras pronunciadas, muchas veces, duelen menos que el silencio.
Y porque sólo conociéndote puedo amarte.
Y porque la sola sospecha de tu ausencia ensombrece mi alegría.
Y sobre todo, sin excusas, porque desde que apareciste y me entregaste el calor de tus palabras y la fuerza de tus caricias, entendí qué sentido alcanzan las emociones.
Y aun así sin saber cómo andar por este sendero que a veces pánico me produce, así tomo tu mano y me vuelvo a sentir segura.