Edecán urbana

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Estoy pensando….

Hoy.

septiembre 20th, 2010

Otra mañana de lunes. Preparo el mate. Un cigarro. No son aún las 9 a.m. y ya mis nervios están destruidos. No sé si el día está soleado o con nubes. Vivo en un bajo. Si no saco la cabeza por la ventana como una tortuga, entonces no me entero de nada. Tampoco me importa. Una mañana más. Busco trabajo. Escribo múltiples correos donde adjunto una foto y mi CV. Primero me apunto a los empleos que me gustarían como…. redactora, por ejemplo. De eso hay poco. Una vez encontré uno y me emocioné casi hasta las lagrimas; mismas que se me cayeron cuando me contestaron. “Escribirás un post diario; cada día de un tema distinto. Debes investigar lo nuevo del mercado. Entre 500 a 700 caracteres. Sueldo: 1 euro por cada post. Los primeros tres no se pagan; son de prueba”. ¡Hijos de su puta madre!, respondí. Obvio no volví a saber de ellos. Compra monos, sin más. Busco también trabajo de editora. Puesto envestido de una imagen prestigiosa y de muy mala leche a la vez. Obvio, piden experiencia. Misma que tengo ¡y a raudal! pero que no es comprobable. He editado a mis amigos, a mis clientes, a mi familia. He editado a mis editores, pero de ellos mejor ni dar nombres. Edito todos los santos jodidos días de mi vida. Edito mis textos hasta desangrarlos. Edito la compra del supermercado cada vez que debo abandonar la mitad por exceso de dinero. Edito. Edito, sin embargo en mi CV figura que no tengo experiencia. Busco trabajo de comunicóloga, oportunidades en Internet, en redes insociales además de las sociales. Busco de camarera -sin papeles abstenerse-. ¡Ahora ademá de cagarme en Dios, también le sumo a la Comunidad de Madrid y las políticas migratorias! …

Y sigo enviando CV, con la esperanza de cobrar unos euros y pagar la renta, cuando en realidad lo único que quiero es salir corriendo. Volver a nadar todos los días; tomar el sol, escalar el monte de tus caderas y clavarme tu cima en mi sexo… Sólo eso deseo.

Nada de esta vida es real; sin embargo de tanto fingir termino creyéndomela… Nada es real. Nada lo es.

Tampoco yo.

Vuelvo.

septiembre 19th, 2010

Enredada. Con la boca cosida; atada a tus placeres que son la cárcel de mis instintos. Sin un hueco para abrir mi camino, las alas al viento y gritar ¡soy libre! Secuestrada por la verdad de tu mirada y el dolor que me produce. Penetrada por tus letras sofocantes y tu lengua aguda. Humillada por mi falta de valor.

Sin tregua vuelvo a enfrentarme. A vos. A ella. A mi. A ninguna de nosotras. A todas.

Probando las letras como armas de venganza, de tortura; como un arpa liberadora de las emociones puras. Un canto sagrado. Como espadachines volvemos a vernos. Todas; ninguna; vos, yo. Las mismas; las otras.

Letras filosas. Palabras escondidas. Toda; ninguna. Volvemos a vernos en el reflejo de lo que escondemos y callamos. De lo que somos y perdemos. El camino que transitamos.

Ninguna o todas. Ella o yo. Perversa e inocente.

Resbalar contigo

septiembre 9th, 2009

“La fantasía es el motor más fuerte de la sexualidad y el impulso que nos lleva a poder salir de nosotros mismos y compartir con el otro. Lo que nos trasporta a otro mundo y nos complace hasta hacernos sentir libres y completos; aunque sea sólo un instante”; escribí. Cerré mi compu y salí para su casa.

Me recibió vestido sólo con boxers; me gustó su apertura. Me besó apenas rozando mis labios y entré. Set completo me esperaba en el centro de la sala: una gran tela roja cubría la alfombra, velas alrededor ( no muy cercanas) formaban casi un círculo. La música y el incienso eran detalles infaltables. Me entregó una copa de champagne; “brindamos por la alegría de vivir”, dijo, mientras se terminaba de desnudar. Hacía calor. Se acercó a mí y me quitó los zapatos. Extendió su mano e hizo que me sentara en el centro del escenario. Toqué la tela: era látex. Quitó mi vestido sin ninguna dificultad. Me sentí halagada en aquella atmósfera. Quité mis bragas. Estuvimos un rato mirándonos a los ojos; descubriéndonos; brindamos en silencio; cómplices. Después, él sacó una botella pequeña de aceite. Al abrirla, el aroma a vainilla nos inundó. Roció una porción generosa sobre su pecho y la esparció. Se acercó hacia mí. Pidió que me recogiera el cabello; lo hice. Llenó sus manos de aceite y comenzó a desparramarlo sobre mi cuerpo, primero mi cuello y mis hombros, los brazos, las manos; luego mis pechos, mi cintura, mi ombligo hasta mi llegar a mi sexo y acariciarme, suave, dedicado; completo. Continuó por mis piernas y pies. Sus dedos se movían ágiles; la delgada línea entre masajes y carias me hacía temblar de placer. “por favor, voltéate”, dijo; lo hice. Humedeció mi espalda y siguió bajando, no hubo un solo rincón de mí que no estuviera cubierto. Él también se puso. Luego, se acostó a mi lado y me abrazó. Comenzó a deslizarse de arriba hacia a abajo, frotando su cuerpo contra el mío; untándome de él; rozándonos. Resbalábamos en el látex con una tersura inigualable. Sus piernas rodeaban las mías, su manos, su cuerpo. Yo me puse muy cachonda; la sensación de estar suspendida en el aire o flotando me parecía exquisita; Buscó mi sexo con su boca, como fruto jugoso que espera ser devorado; extasiada entré en espiral de mil sensaciones; me curvé de placer y él me siguió en mis ondulaciones; bailábamos la misma danza. El ritmo se acoplaba según los movimientos y gemidos de ambos; ¡súper rico!. Mis fantasías volaban; cuando él estuvo dentro de mi, miré sus ojos y me reconocí en ellos; sentí su sexo atravesándome y nuestros cuerpos se entrelazados girando sobre aquella tela, dándonos absoluta libertad. Yo escurría placer mezclado con mi néctar y sudor. ¡Una fiesta de placeres!

No sé cuantos orgasmos tuve, tal vez siete o quizás muchos más; imposible llevar la cuenta. Fue un continuo devenir de placer y emociones, sensaciones que subían y bajaban como olas, hasta llegar al borde del éxtasis y venirnos juntos; compenetrados. ¡Una delicia!. Cuando suspiré por última vez, acompañada de un gemido casi animal, mis lágrimas comenzaron a caer por mi rostro con total naturalidad; al mismo tiempo una sonrisa se instaló en mis labios. Me sentí desbordada y me dejé ir, sin límites ni prejuicios, ni vergüenza, ni nada. Extendí mis brazos sobre el látex aun caliente y resbaladizo, cerré mis ojos, y por un instante, realmente creí que seguía volando.

Puertas del placer

agosto 26th, 2009

Desperté en la madrugada pegada a él. Las sábanas desprendían olor a sexo, lo que animó mis deseos inagotables. Busqué mis bragas negras; me las puse. ¡Adoro como me quedan, me siento una perra cuando las uso! Miré alrededor de la habitación, a un costado, seguía mi bolso. Esa noche había preparado una sesión especial para nuestro encuentro. Dentro, llevaba aceite comestible sabor chocolate y un par de sorpresas que aún no habíamos usado. Acomodé mis juguetes al lado de la cama; encendí otras dos velas; seleccioné Massive Attack en el play list y volví a recostarme a su lado. “El set está listo” me dije. Mis pezones rozaron su espalda y se irguieron al instante; hay hombres que me despiertan una sensación sexual casi animal; me encanta. Llené mis manos de aceite y comencé a untárselo por el pecho; rodeé sus tetillas endurecidas; Mmm.. delicia… Con la punta de mi lengua fui recorriendo su cuerpo, hasta sus caderas. Despertó, pero no dijo nada. Relajado, me dejaba actuar en libertad; entregado a mis amoríos. Me senté sobre él. “No te muevas” murmuré en su oído.

Su verga se irguió al instante, súper rico, haciendo presión sobre mi sexo húmedo. Me acerqué y mordisqué sus labios; escuché como suspiró. Imaginé su lado femenino aflorando, y me puse más cachonda. Como un volcán sentí que mi energía sexual subía y bajaba, con mi deseo a tope. Él giró su cabeza hacia un costado y me regaló su cuello. Deseé devorarlo. Lo succioné con fuerza y sentí se sexo endurecerse hasta el extremo. Volví a impregnarme deleitada. Quería que él acariciara mis pechos, que los lamiera, que me agarrara y me apretara fuerte, sentí estallar de deseo; subió el calor abrasivo de mis entrañas. Con mis manos acaricié su varga opulenta. Excitada corrí mi ropa interior y me lo introduje. Disfrutarlo fue delicioso; gemí. En el primer minuto tuve un orgasmo intenso y voluptuoso.

La luz de las velas teñían la noche de nuevas emociones. Lo abracé por la espalda y lo giré. Comencé a besársela. Dejé que paulatinamente se acostumbrara a mi lengua, al calor y la humedad; seguí bajando. Cada poro de su piel reaccionó a mi tacto. Su cuerpo se contrajo en espasmos; no me detuve. Mi deseo se hacía cada vez más grande; el suyo también. Llegué a las puertas “prohibidas” del placer masculino; me detuve. Comencé con delicadeza a hacerle círculos con mi lengua, lo rodeé. Sentí sus pequeñas contracciones; succioné. Estaba dentro de él y eso me ponía súper cachonda.. Lo escuché jadeante. Humedecí mis labios –inflamados de placer-; afilé mi lengua. Volví a bordearlo. Me introduje suavemente y sentí su interior por completo en mi boca. Me sentí exquisita. Entraba y salía; acaricié su falo, duro, fuerte, potente se frotaba contra la palma de mi mano. Metí mi lengua de nuevo; me puse muy cachonda mientras lo succionaba. Refregaba mi sexo contra su pierna; ¡un deleite! Tuve un segundo orgasmo explosivo. Apreté un poco más fuerte su sexo, sin dejar de besar su culo. Al instante exacto, expuse mi cara debajo de su sexo, lo apreté con más fuerza y cayó sobre mí la placentera lluvia de néctar. ¡Extasiada!

Suspiró fuerte. También yo. Nos abrazamos, aún en silencio.

Esa noche abrimos un nuevo canal; ambos estábamos satisfechos.

Mi novio alcalino

agosto 26th, 2009

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Completa.

agosto 11th, 2009

 

Despues entendi

 

Después entendí. No estoy partida a la mitad; estoy completa.
Necesité sus besos en mi espalda; sus manos en mis pechos, sus piernas entrelazadas, su lengua en mi sexo, su verga en mi garganta; sus palabras en mi alma, sus ojos en los míos, sus pies descalzos.
Busqué en sus sueños, olí sus miedos; me hundí en su pecho, me clavé sus dagas; tragué su néctar dorado, hirviente; me bañó en la cara.. Bebí de su vida. Mordí sus dedos, teñí sus sábanas de mi sangre, perdí la cabeza y la recuperé en la esquina; lloré y vomité odio. Corrí asustada y salpiqué sus paredes de anestesia. Me asustó asustarlo y grité fuerte; -después- .. lamí sus pies suplicante. Entregué mis nalgas, y no guardé barreras, aullé, tapó mi boca y lo hice más fuerte; me quedé sin aire; y respiré.
Y sólo así, sólo así, pude voltearme y saber que lo vería. Mover mi mano sólo para sentir la suya, sin buscarla; simplemente lo sabía. Y sólo así me volví libre. Y sólo así entendí, por fin, que soy completa.